El peligro de ser un empleado perfeccionista

October 17, 2016 17:31 by Zona Empleo EDH

 

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¿Ser bueno, pasa factura?



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Si bien a todos nos gusta ser buenos profesionales, la constante insatisfacción con el trabajo puede ser un riesgo emocional y físico.

Es la primera persona en llegar y a veces la última en irse. Tiene una disciplina de hierro, mantiene en orden su espacio laboral, corrige y pregunta constantemente a los demás y es fanática del control pues programa y anota todo lo que puede y se inquieta cuando no cumple con el horario.

Ese empleado, o jefe, que cuando tiene una asignación de minutos, se pasa horas y horas evaluando y repasando muchísimas veces si su trabajo es bueno, pertinente, si necesita mejorar, si hay algo más que agregarle o quitarle, etc. Ese, aunque puede ser el colaborador del mes, sufre del famoso “síndrome de empleado perfeccionista”.

Los expertos dicen que este comportamiento se asocia a aquellas personas cuya actitud tiende a buscar la perfección en lo que hace, mejorando su trabajo indefinidamente y sin decidirse a considerarlo nunca acabado.

Normalmente estos empleados están constantemente insatisfechos por sus logros y aunque realicen sus tareas con alto grado de excelencia, su percepción irracional les hace creer que su trabajo no ha estado a la altura, incluso cuando obtienen elogios de los demás.

Si conoces a alguno, o crees que eres un perfeccionista, sabrás que son personas que tienden a marcarse objetivos muy elevados, y al estar tensos casi todo el tiempo parece que no pueden disfrutar de momentos especiales, aunque estos sean pequeños.

Por ejemplo, cuando van por una taza de café, se sienten culpables por tomar un receso de más de cinco minutos y cuando llegan un poco tarde sienten la necesidad de explicar toda su caótica vida.

Un estudio realizado por la Escuela de Negocios Fuqua de Duke, Estados Unidos, asegura que como son tan metódicos, obsesivos y quieren tener todo bajo control, es frecuente que sus superiores les asignen más carga de trabajo que a sus colegas en la misma posición. Sus compañeros suelen pensar que les cuesta menos realizar su trabajo y ellos acaban teniendo la sensación de que su sacrificio pasa desapercibido.

Algunos psicólogos señalan que detrás de estos comportamientos recurrentes existe una gran necesidad de afecto. Su dependencia emocional está ligada a un ambiente familiar de escasa atención y demostración de afecto que puede ser producto de padres exigentes o ausentes de elogios.

Así, equívocamente piensan que la única forma de demostrar que valen es a través de sus esfuerzos constantes.

¿Ser bueno, pasa factura?


Si bien a todos nos gusta ser buenos profesionales, el exceso de autoexigencia u obsesión por no equivocarse, puede ser riesgoso.

Esta actitud, tarde o temprano, pasa factura a relaciones personales, trabajo, familia y hasta a la salud. Estudios también señalan que las personas que son demasiado perfeccionistas pueden sufrir de patologías asociadas al estrés, ansiedad o, en casos extremos, a un Trastorno Anancástico de la Personalidad, que según la Clasificación Internacional de las Enfermedades ( CIE-10, de la Organización Mundial de la Salud) se distingue por su extrema rigidez, estar continuamente sometida a horarios, planificaciones y normas no pudiendo salirse de las mismas y sintiéndose muy mal si no se adapta a ellas.

Además, con el tiempo, los perfeccionistas pueden quejarse (o no) de agotamiento excesivo por el estrés, que a su vez causa desgaste psíquico y malestar psicológico. También puede llegar al deterioro de autoestima, tensión emocional o falta de compromiso con el trabajo; y efectos más notorios como sudoración en las manos, dolores en las articulaciones, problemas de insomnio, alteraciones gastrointestinales o de la presión arterial, etc.

Trabajar con un perfeccionista también puede ser agotador para sus colegas, jefes o subalternos. Si eres un maniático del control, relájate. Cuida tu autoestima y reconoce tu valía. Sé consciente de que mereces un tiempo y espacio para ti.

No te pongas objetivos o metas demasiado elevadas. No le digas al jefe o colegas lo que quieren escuchar, demuestra con acciones que puedes hacer bien tu trabajo. Es mejor que prometas tres cosas y las entregues bien que te autoexijas 10 y mueras de estrés cuando solo lleves seis.

En cambio, si tienes algún compañero o jefe que sufre del síndrome del perfeccionista, ayúdale. Crea una cultura de trabajo en la que tus compañeros sientan apoyo en ti y tú en ellos.

Si tomas como parte de tus actividades diarias, motivar a tu equipo y estimular la confianza en el ambiente laboral, te será más fácil recibir las mismas atenciones. Si tienes problemas, no temas en pedir ayuda y si ves un error, corrige pero no exageres. Por último, sé feliz y haz feliz a los demás.

 

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Categories: Consejos laborales

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